Antifuturo

Voy a ser concreto con tres ideas, y luego voy a desarrollar de manera desordenada:

  1. Los humanos no somos una plaga. Somos parte de la fibra vital de este planeta.
  2. Dios es la naturaleza.
  3. Lo que conocemos como «el futuro» es una fantasía fascista. Tenemos que construir un futuro diferente y desmontar esta pesadilla.

La idea moderna del futuro nace durante y después de las revoluciones industriales. La era de las máquinas, el capitalismo y la ciencia mecanizada. En el imaginario colectivo el futuro tiene forma de edificios altos y rectangulares, rios de personas trabajando en fábricas y caricaturas de hojalata actuando torpemente como seres humanos. Naves que viajan por fuera del planeta y nubes densas de humo que se despliegan de las fábricas que construiran una detrás de otra las masas de seres humanos del futuro. De maneras insistentes nos han convencido generación tras generación que el futuro se ve así, como si los seres humanos no hubiéramos estado en este planeta en nuestra forma y espíritu actual durante los últimos cien mil años, como si antes de la revolución industrial no existiera para los habitantes de este planeta un nuevo amanecer, no existiera un mañana y nuevo sol.

Esta distopía no es el futuro, es solo una visión apocalíptica de las inevitables consecuencias de un sistema esclavista que no tiene más de 400 años en nuestro planeta, un tiempo irrisorio comparado con la larga trayectoria de nuestra especie caminando por este bello paraiso. Los arquitectos de este sistema tienen nombre, tienen caras e ideas concisas y han escrito sobre sus intenciones en repetidas ocasiones. Este monstruoso desarrollo no apareció de la nada como si esta fuera la inevitable trayectoria de los seres humanos en este planeta. Esta distopía tiene unos creadores con ideas claras y debemos detenerlos en nombre de la dignidad de los pueblos del mundo, de la dignidad de los animales, los ríos y los bosques.

Este no es el futuro, es una advertencia. Las propagandas y las películas del sistema esclavista moderno nos convencieron de que el nuevo amanecer le pertenece a las clases sociales que reconstruyen la realidad palpable dentro de unos estériles laboratorios, en donde el único ser inteligente es el ser humano, precisamente por ser capaz de crear copias de la realidad y de nosotros mismos. Todos los atributos que las civilizaciones de la tierra le han otorgado a la divinidad le pertenecen a la naturaleza. Todo lo que los humanos hemos endiosado tiene las características de la naturaleza viva que nos rodea, la que existe, se mueve y respira sin la interveción del hombre. Los arquitectos de esta realidad que tiene al planeta al borde del colapso comenzaron a creerse los dioses que teníamos que adorar y rechazaron todo lo que alguna vez consideramos divino. Este futuro al que nos dirigimos y en el que existimos gracias a ellos fue construido por la civilización más inculta, primitiva e incivilizada de la historia.

El antifuturo son las ciudades automatizadas y los animales recreados con ciencia de laboratorio. El de las películas, los pasquines de ciencia ficción y los seriados de televisión que los arquitectos del antifuturo nos han metido por lo ojos, haciéndonos creer que su realidad artificial es inevitable. ¿porqué el futuro es tan horrible? se han preguntado muchos durante décadas y es porque estamos ocupados por una clase social de monstruos sin moral que se creen dioses y debemos destruir el antifuturo que nos han querido imponer a los seres vivientes de este bello planeta. Tan asquerosa es esta clase social que llevan años planeando como largarse del planeta, porque saben muy bien que su futuro de mentiras ha convertido a la tierra en una carcel de esclavos destinada a la contaminación, la desesperanza y la miseria.

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La desesperanza y la resignación no son opciones. La desesperanza es el arma más poderosa del fascismo. No podemos caer como especie en la tristeza ni perder nuestras ganas de vivir en este planeta. Saber que una población es miserable y valeverga le asegura los votos y el apoyo a esos gobernantes y líderes que odian la vida. Los creadores de contenido que trabajan para la ocupación capitalista saben muy bien que mantener desesperanzadas a las grandes poblaciones de la tierra mantiene viva la existencia del antifuturo como algo inevitable.

Uno empieza a ver los perfiles en internet de los que se llaman así mismos anti comunistas, ese “pueblo” que supuestamente es de ‘derecha’, el que odia profundamente a la ‘izquierda’, que trata con asco a la gente, los que hacen chistes con la vida de las mujeres, los que odian a las personas discapacitadas y a las personas racializadas (que somos todos) y al final todos tienen una característica social muy miedosa en común. Odian la vida, y odian a los que aman la vida y su deseo más profundo es que todos seamos miserables como ellos. Es imperativo que los que amamos la vida convenzamos con nuestro trabajo a los que odian la vida, a que la amen de nuevo.

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Los humanos no somos un virus ni una plaga. Esta es una idea artificial de fábrica. Quien se convence de esto está destinado a actuar mal, a ser mala gente y a odiar a los que lo rodean, por intereses que no son propios de la bondad de nuestra especie.

Hay también unos ambientalistas de mentiras que quieren eliminar a los humanos con la excusa de salvar al mundo. No hay que dejarse convencer por esos falsos profetas posando con inteligencias de mentiras. Los seres humanos somos parte de la fibra vital de este planeta, durante cientos y miles de años civilizaciones enteras han dedicado su hermoso tiempo a salvaguardar los bosques y a diseñarlos con las manos, a cuidar los ríos y a mantener la vida que fluye sola. Hemos adorado a los pájaros y diseñado los más bellos jardines de frutas e inmensos árboles. Las civilizaciones importantes han cuidado el planeta como si su vida dependiera de ello. Y lo hace, depende de ello.

“Los humanos somos una plaga” es un eslogan usado por eco fascistas para convencer incautos que no encuentran una explicación por tanta miseria que nos rodea. La miseria moderna tiene nombre. No podemos negar que los humanos tenemos tendencias a la guerra y a la autodestrucción en épocas de crísis, pero la apocalíptica aniquilación del planeta es un aspecto nuevo y nace por las ideas de la revolución industrial, y se asientan con los gobiernos de los supremacistas y de los empresarios. Una cosa es hacer negocios e intercambiar nuestro bienes en los mercados del mundo, pero hacer negocios sin ninguna moral como limitante, ha causado extinciones masivas y la aniquilación de cientos de culturas de la tierra en un periodo cortísimo de tiempo. Los humanos no somos una plaga, la plaga son como 200 hijueputas que lo dirigen todo y sabemos donde viven.

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Este planeta es Dios y su inmensa belleza debe ser nuestra fuente de inspiración para existir. El sol que nace cada día, la luna que descansa, los animales que saben lo que tienen que hacer sin que nadie les diga nada, las abejas que se posan en las plantas para que estas se reproduscan, los árboles de los que caen las frutas y las ballenas que viajan de océano en océano, los elefantes que rodean a sus hembras cuando estas tienen una cría, los audllidos de los monos y los cantos infínitos de los pájaros. Este planeta es el Dios en el que yo creo y el capitalismo es la antítesis de la divinidad, el fin de la vida, el equivalente de la maldad.

Los capitalistas y los colonizadores han destruido nuestra relación con Dios y han transformado el trabajo que hacemos los humanos en un miserable esclavismo que los enriquece a ellos mientras aniquila las razones por las cuales estar vivo tiene sentido. Cada día el gobierno mundial de los capitalistas nos ha acercado al apocalipsis planetario, a la miseria insoportable. Han convertido entonces a la miseria insoportable en la normalidad y nos han convertido a todos, en porquería sin espíritu. Entonces tenemos esclavos del trabajo soñando con ser dueños de lo que nos rodea, sueñan con ser «capitalistas», porque con esta esperanza que se basa en el odio normalizado de lo que es bello y divino es que mantienen su apoyo por parte de los habitantes de la tierra.

El futuro que nos vendieron es falso. El futuro que nos vendieron es el fin de la vida y nos convencieron con gran éxito que el fin de la vida en el planeta es la trayectoria normal de los seres humanos. No lo es, ese es un antifuturo que debemos detener. Debemos desmantelar el tránsito a ese antifuturo y recuperar la dignidad de los seres humanos. Debemos reestablecer las civilizaciones importantes, las que administran los bosques y le dedican a tan majestuoso milagro que es este planeta su trabajo, su felicidad y su esfuerzo. 

Tanto trabajo que veo a los humanos haciendo, y todo por enriquecer a un grupo de humanos que se comporta como células cancerígenas. Estas células cancerígenas nos convencieron que tener cáncer es lo normal y que la metástasis es el futuro. No se convive con el cáncer, el cáncer hay que expirtarlo. Lo interesante (y paradójico) del cáncer es que trata de convencer al resto de organismo que su crecimiento es un proceso normal, y que la eliminación y putrefacción de todo el cuerpo es el objetivo, que es el organismo lo que hay que eliminar, y no las células cancerígenas.

Hay mucho por hacer. Cuando hayamos logrado extirpar el cáncer de este planeta, los seres humanos recuperamos la dignidad. Y luego tenemos que seguir cuidando el planeta como cuidamos nuestro cuerpo para que el cáncer no vuelva y no se atreva a volver. Tenemos que adorar los ciclos del planeta, y recuperar las inteligencias de las que hemos sido despojados. Hay unas razones universales por las cuales civilizaciones a través del mundo, sin conocerse nunca, vieron en la inmensidad de este bello planeta la cara de dios y lo adoraron durante milenios.

A los economistas y a los mercachifles no puede dejárseles que gobiernen nunca más. Cuando gobernaron los negociantes, el planeta casi se acaba. Escribamos las nuevas historias, escribamos el futuro, en el que destruimos el antifuturo donde vivimos en el presente de un planeta limpio donde tenemos tiempo para la adoración y la belleza.

Mayo, 2026

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