Manifiesto sobre el Cine del Siglo XXI.
En 2018 se me ocurrió capturar de manera cotidiana el último año de esta década con cualquier cámara o celular, como por buscarle sentido al ejercicio de hacer películas.
Los primeros meses grabando, le quería preguntar a mis amigos en cámara, -¿panas, qué es el cine? nosotros estudiamos esto, ¿qué es?- como para que la película tuviera esa voz, una razón política; nunca lo hice. Unos meses más tarde, seguía grabando pero no le encontraba sentido, solo grababa. Para agosto, pensaba que el montaje de este material iba a ser una constante escritura; lo fue. Para septiembre ya me había emocionado con hacer películas. A mediados de 2020 me puse a clasificar y a revisar el material, y me metí en la cabeza que 2019 era un documento sobre cómo nuestras dinámicas sociales habían sido irremediablemente alteradas, que vivimos la época primitiva y nostálgica de lo inevitable: el desastre planetario y la conquista de la realidad virtual.
2019 es sobre cómo se siente habitar el alto siglo xxi.
Un autorretrato dice un amigo.
Una terapia psicológica la hijueputa digo yo.
Todo experimento tiene conclusiones. Hice esta película en sus términos, sin presupuesto, sin guión y con una sola regla: capturar en lo más posible los días de 2019 para crear un largometraje. Todas las posibilidades estaban abiertas.
Entendí que esto fue un viaje personal con el que pude liberarme a mí mismo de traumas, carencias, e inseguridades, y que seguir ejercitando el video como recurso artístico puede ayudarme a socializar mejor con el mundo. Quité cosas, las quité por la incomodidad que me generaban. –¿Y es que uno no puede editar sus videos? ¿Acaso esta película es sobre mi vida?– Igual las quité por miedo. Si puedo hacer de este viaje un recurso de entretenimiento que genera interrogantes, mucho mejor. A nadie le gusta una película aburrida, a menos que sea, ligeramente entretenida. Hay gente que se para frente a un cuadro de un solo color y lo mira por horas; hay sensaciones para todos. El cine no tiene que contar historias, el cine solo tiene que ser y ya.
Quizás necesite un psicólogo. David Lynch dice, –vas y le dices un montón de cosas al psicólogo y luego no sabes qué grabar con la cámara-. Luego quedo depurado y de repente soy steven spielberg, el señor spielbergo, una cosmetiquera.
Subí la película y la borré a la semana para subir un reeditado final. Dice una amiga, –entonces uno se pasa editando y editando hasta estar conforme-, y nunca estás conforme. Me gusta pensar que hay elementos de la absoluta improvisación que son irreemplazables, y con eso me siento tranquilo.
Lo que comenzó como un experimento se fue llenando de cuadrados mentales, sobre qué hacer y cómo hacerlo, sin dejar que se manifestara como el experimento que era.
¿Y si voy al psicólogo y lo grabo todo? Un día que vaya con ganas de decirle muchas cosas, y grabo sin permiso. Y otro día grabo con permiso. A ver qué pasa. A ver cuánto edito. La verdad es que uno aprende a hacer las cosas que necesita hacer.
Finalmente no encontré las razones universales para hacer cine, pero sí algunas valiosas y muchas preguntas:
El cine no es televisión. El cine no es una red social ni le pertenece a las redes. Una película es una pieza de biblioteca y tiene sentido como la expresión de un individuo, de un tiempo, de una comunidad, no de una industria ni de un país.
La televisión usa al cine como uno de sus elementos alienantes, junto a sus programas de pseudo realidades, sus noticiarios y sus espacios de mercadeo. La televisión solo es valiosa cuando causa disrupción en los sistemas y discursos de poder. Cuando desafía, ridiculiza o interrumpe la propaganda. Las redes sociales, instagram, tiktok, son televisión.
El cine debe usar todos los elementos popularizados en televisión y recuperar todo el espectro de la expresión audiovisual y sus posibilidades.
Si la película no produce ningún dinero. ¿Cuál es la razón política? Hacer películas entonces solo implica gastos, así sean mínimos ¿Es solo por diversión? Siento que es una actividad nihilista y egoísta. Parte del experimento es darme cuenta de esto. Si no produce dinero ¿Qué produce? De nuevo ¿Cuál es la razón política para hacer películas?
Cada película debe ser un experimento diferente. Debemos evitar las fórmulas comerciales y los géneros.
Las películas en el siglo XXI deben procurar el uso de material con derechos de autor, material pirata, música, texto, video, etc. Todo lo que circula en internet, es de todos.
El guión cinematográfico es solo una forma de hacer cine, no la única. Aristóteles no es una ley, es una dictadura. Este ejercicio nació con la cámara, no con el guión. El cine debe utilizar todas las formas de lucha audiovisual: lo que le quepa al cuadro. Debo repasar a Benjamin, a Deleuze, a Duchamp. Y comprar pilas recargables.
Una de las cosas que hice durante el montaje, fue dejar de ver películas para que no influyeran en el proceso; aunque sí lo hice. Vi de nuevo ‘El hombre con la cámara’ de Dziga Vertov, porque trata de un tipo que graba lo que sea. Y es muy bella, es una obra maestra, tipos muy bravos para picar cinta; mi consuelo, para alcanzar ese nivel de grandeza algún día, es que ‘El hombre con la cámara’ es la novena película de Vertov. Novena. También vi Soul y Coco de Pixar. Y vi Amor y Anarquía de Lina Wertmuller, película que veo todos los años. Vi varias de vaqueros. En últimas, no ver películas es la idea más ridícula que jamás he tenido, no me vuelve a pasar.
Cada ciertos años, durante los últimos cien, alguien escribe un manifiesto para emanciparse de la cárcel del cine comercial, de la pobreza alienante de las repeticiones industriales.
Pensamos en editar mucho las escenas cuando algunas veces solo es importante la captura cruda sin retoques.
La idea de necesitar millones para contar una sola historia, pues es ridícula. Me gusta eso sí, la idiosincrasia de hacer bloques de aproximadamente dos horas como únicas piezas finalizadas. Un anciano. Y editar y montar una película, dispendioso como un hijueputa. Hay que dedicarle, darle con paciencia.
Estudié para aprender a hacer cine y en el proceso me di cuenta que sus industrias eran las más elitistas, ridículamente costosas y poco creativas. Además emplean una monstruosa burocracia que contrata a cientos de personas para ocupar puestos serviles que empequeñecen la técnica cinematográfica, convirtiéndola en una labor extenuante y clasista. –Tercer asistente de micrófono secundario, cuarto asistente de gaffer de la tercera unidad, supervisor de segundo colorista-, etc. Un abuso y un despojo.
El mensaje sobre comprar legal y criminalizar al pirata está conectado a esa industria que se gasta millones de dólares y a las universidades que venden ese modelo, negándole a la mayoría el acceso al cine, haciéndoles creer que si no se ganan un convenio de tres mil millones y el apoyo de treinta productoras, no pueden hacer películas.
Si nuestro objetivo no es producir dinero con las películas, no importa si las piratean. Por eso no deben tener ninguna agenda nacional ni comercial. Tampoco importa si se venden, la industria verá que hace. Y si nuestro objetivo es producir dinero, que el dinero multiplique las posibilidades de realización de películas en Colombia. O se le inyecte a la resistencia. Es una razón social importante, la razón política, al menos una.
Estamos enfermos de su cine de fórmula, de su propaganda, de sus historias moralizantes y alienantes que necesitan miles de millones de pesos para generar jerarquías ridículas y sobre costos para contar cualquier historia. Cámaras largas y presupuestos aún más largos, copiando fielmente las resoluciones y las imágenes que han sido reproducidas hasta el cansancio. Hagan películas con la energía que postean.
Todo documental es también una ficción, todo experimento, unas conclusiones. Al capturar este año, nunca grabé las veces que lloré, ni tampoco las veces que mentí. No grabé las traiciones, ni el estrés de existir. Lo que no grabé no necesité hacerlo, o no quise. Godard dijo que cada vez que editas, mientes, cada corte es una mentira. Al capturar un año, como intenté hacerlo, mentí cada vez que dejé la cámara apagada.
Muchas veces fui tímido sacando la cámara. ¿Qué de todo debo grabar? Al final también había una obsesión de parte mía de marcar territorio con el tiempo, con la fecha y con mi nombre, como diciendo, –2019, aquí estuve yo y así veía el mundo, o así me veía yo habitándolo-. Es básicamente un post de Instagram muy largo.
A Colombia la gobiernan genocidas desde hace dos siglos, la clase política más miedosa del continente. La cultura y el arte de sus comunidades y ser parte de la resistencia histórica son las únicas maneras dignas de ser colombiano.
Viajen, hagan amigos, apaguen la televisión. Minimicen sus huellas en este planeta.
El cine no es solo la alienante propaganda que consumimos a diario. El cine puede ser de nuevo un motor de ideas para cambiar positivamente la sociedad, para cuestionarla e indagarla en sus más aprendidas repeticiones, para cuestionar sus rutinas y la normalidad de sus vidas.
Hagan películas. El cine no es una industria.
Abril, 2021
