Nueva es la mañana,
nuevo es el moho.
Una sola telita y la cosecha se pierde toda.
Nuevo un ronroneo que
ya era viejo cuando dormías en la noche.
Nueva es el alma cada día
a pesar de los órganos del cuerpo.
Navegar es necesario;
vivir no es necesario
oculto en la caverna,
y morirse, obligatorio.
El gato no guarda rencores.
Lo vacila el ruido
y lo distrae el silencio.
Yo sueño con muertes que no son mías,
pero vivo como barco en puerto viejo.
Le ruego al piso que no se seque y camino por los charcos para no
olvidarme de los abrazos que me esperan.
La compañera dice: Cuido de un niño…mi hijo. Vivo en Miami,
llevo de verdad una vida muy normativa… soy de Venezuela pero me crié
en Barcelona, y de padres daneses…mucho desarraigo, termina.
Empezar es paciencia.
Volver va cuesta arriba.
¿Cuánto cuesta la tierra?
Eso depende de la mafia
o de Dios si está de turno.
El tiempo se cotiza en operaciones cerebrales.
Dijo la parcera que sueños rotos compran apartamentos en cedritos, y mi
primo me manda una foto, descalzo en alguna playa del caribe
venezolano. Me dice: aquí esperando los misiles.
¿Cuánto cuesta un árbol, con frutas cada primavera?
¿cuánto cuesta el mismo árbol en tierras silenciadas por empresarios.
Recuerdo claramente cuando dije que no volvía a comer tomates de la
tienda, después de comer de los que saqué de mi jardín. Recuerdo volver a la tienda,
recordar vale plata.
Volviendo como barco al puerto
Al olor del aceite de coco, sacándole la medicina a la hoja seca.
A los zapatos con barro seco
A mi cenicero con tocadiscos
A los impuestos –más y cuántos–-
Y la chimenea, a la que le salieron ramas,
¿cuánto vale el reciclaje?
¿cuánto vale esa multa?
Yo no creo en esas trampas, no me siento culpable.
Puse tres matas de marihuana en el patio, hice todo como me lo recomendaron en la tienda, siete meses de vigilancia y mucha agua. Una murió en el viaje, por intoxicación de nutrientes, exceso de nitrógeno. Las otras dos se recuperaron, batallaron pestes y peligrosos días nublados. Se pusieron grandes y pesadas. Compré todo como si fuera a montar una tienda. Hoy las flores llevan un mes curando en jarras de cristal, que tengo que abrir dos veces al día, quince minutos cada vez, para que cada flor transpire la humedad que tiene dentro y se vayan secando lentamente, durante unos dos o tres meses más. Mi esposa me pregunta si valió la pena, en términos de dinero. Ya ni sé. El de la tienda me recomendó que lo hiciera por diversión, para aprender cosas. Y lo que vale se mide con una tasa de cambio que se inventa diariamente.
Empezar es paciencia.
Volver va cuesta arriba.
Sueño con borrarle la cara a las monedas y derretirlas para que las
gallinas pelen diente, que se bañen en el río y escriban sobre los micos.
Gallinazo y las cacatúas escribió el gorila, porque soñar es más bien
barato.
Al hijo de la negra lo invitaron a que contara una de esas canciones que
hacen reir a los blancos. Él decidió cantar la canción de amor, esa que le
gusta a su mamá. Esa noche le quitaron lo que le habían pagado, y le
prohibieron la entrada. A la semana siguiente invitaron al príncipe de los
pálidos, quién decidió cantar una canción que le enseñó la negra. Fue
coronado rey ahí mismo y recibió mil manos para cargar los sacos
de dinero de vuelta a su castillo.
¿Qué tan nueva es esta historia?
Si hoy por hoy deambulamos falsificando billetes y navegamos la historia
después del apocalipsis. Con algo de paciencia, reescribiremos el tiempo
perdido.
Octubre, 2025
