La baja autoestima

Una vez mi profesor de guión llamó a mi celular durante su clase. -¿porqué no vino?-, le digo lo siento, -¿es que acaso es adicto a la masturbación o a las drogas que no viene a mi clase?- Y yo todavía sin haber cerrado la pestaña con porno y con un bareto en la mano. -No profe, qué pena en serio, no vuelvo a faltar-. En ese tiempo yo tenía buena autoestima. Ciega, sin importancia, cualquier cosa que pensaba, sentía que la podía lograr sin ningún problema. Mi autoestima y mi hambre por la vida no habían sido testeadas por ninguna circunstancia, por ninguna persona. Creía que lo podía todo, aun sin intentarlo.

Me dejé convencer de los huracanes, que yo era un terremoto. Inalcanzable, prepotente, imposible y endiosado, en el espejo y en la nebulosa. Pero nunca le pasé por encima a nadie, nunca fuí mejor que nadie delante de nadie, solo delante de mí mismo. Puedo haber dejado de querer, puedo haber sido irresponsable, y poco cuidadoso, pero nunca le expresé a nadie nunca, que mi existencia era mejor que la suya. Me dejé convencer que era arrogante, prepotente, y ególatra cuando solo tenía una buena autoestima constante. Ahora no la encuentro fácilmente y me dejé convencer de que era peor persona de lo que era.

Lo que pasa también es que ahora conozco lugares mucho más oscuros de mi alma que antes y son cuartos a los que no dejo de ir, cuando antes no sabía que estaban allí. Solía quedarme en un cuarto lleno de nebulosas, enamoramientos profundos y sueños gaseosos en los que construí imperios enteros que ahora se desvanecen cuando trato de dibujarlos; estoy descalzo y me duelen las manos. Trato de conectar los lugares luminosos que se explayan en el tiempo, mi tiempo. Arrebatarle la luz a las preocupaciones que consumen una energía gigante sin razones superiores.

A mi la gente me cuenta sus secretos muy rápido, porque yo nunca juzgo nada de nadie. Sé hacerlo para protegerme a mí mismo. Pero yo lo veo todo desde el comienzo, la naturaleza de la gente, aunque me haga el marica. Hay personas que piensan que decir lo que piensas es poder ser racista y grosero y discriminatorio sin retaliaciones, incluso con efectos cómicos. Fingir la risa es fácil cuando te gusta reírte.

Entonces quiero escribir sobre la baja autoestima; pienso en el capitalismo. Es una forma de existir que le quita el alma a todo lo que a uno le puede gustar y a todo lo que podemos amar cuando nos genera emociones gratificantes de comunidad y expresión. Y luego es la virtud de la fama, la democracia de la fama como vehículo triunfal de las habilidades y los deseos. Y la baja autoestima reside entre las frustraciones del sistema monetario que ha pretendido durante dos siglos jerarquizar a las personas por su especialidad y su valor como objeto de consumo. ¿Qué es ser especial? Porque la condición humana ha sido contaminada por la democracia de los valores burgueses, nuestro valor como seres humanos está sitiado por unas expectativas fabricadas por los banqueros y los grandes empresarios. La empresa es la forma de existir del siglo XXI.

La baja autoestima durante el este tiempo es especialmente miserable. Y quizás era bastante miserable durante el medioevo y durante la era pre cristiana. Lo que pasa durante el libre mercado, es que los señores que están arriba de los poderes económicos, han construido una realidad en donde todo lo que sentimos vale dinero. Además destruye el planeta cada segundo que pasa, porque vivir así de ‘cómodos’ no es natural, vivir para consumir a la medida. Y eso se traduce en que todo lo que hacemos como individuos para atravesar la vida, es una transacción monetaria, y una construcción individual. Me gusta cocinar y entonces me veo preparando platos en cadena para clientes sin alma que tocan el dispositivo de pago con su tarjeta de banco, consumen y generan un montón de basura que no importa producir. El planeta ya no importa, la desconexión con la preparación del alimento y con las consecuencias del consumo ha sido completada. Y en términos de ética, siento que este es el punto más bajo y decadente de la historia humana. En el sistema la magia no existe, ni tampoco la comunidad. En esos espacios muertos del capitalismo, ahí residimos los anarquistas. Esos espacios que incomodan al sistema que le pone precio a los sentimientos. Esos espacios que amenazan la utopía de mentiras que ha construido el sistema. Esos espacios han sido también, y de manera inevitable, contaminados por la baja autoestima de la existencia consumista.

Esos puntos bajos de la autopercepción, son lugares del alma que una vez descubiertos, no se olvidan. No se olvida cómo acceder a ellos. ¿De dónde viene la tristeza? Cuando tenía el corazón roto, mi tristeza no dependía ni del capitalismo ni de la fama. Era por el abandono.

Uno se da muy duro. No has hecho nada malo y crees que eres escoria. ¿Has visto a los verdaderos ególatras allá afuera?  ¿A la gente basura? De verdad que es muy dañina, te hace alucinar como si no valieras nada. Llegué a desfallecer, así hecho mierda, viendo todo lo que he hecho, todo lo que amo, todo lo que sé, y no verle valor a nada. Y me veo rogando amor, a quienes me lo quitan, a quienes me dosifican. De quien tengo el amor asegurado, a esos no les ruego, a esos les cierro la puerta, de esos siento que ya lo tengo y no me preocupo. Pero entonces me pongo a coleccionar amores y a exigirles, porque ahora lo necesito para existir.

La tristeza pega diferente cuando te has acostumbrado a tener baja autoestima. Siempre bajas más de lo que solías bajar. Cada tristeza es mucho más pesada, difícil de escalar de vuelta. Esos hoyos no se recubren y permanecen abiertos y hondos siempre que vas a bajar. Las caídas no son de una raspadita para sobarse y seguir, son un abismo donde te quiebras varios huesos y para pararte necesitas tres personas, reposo y calmantes. Cada detalle es un abismo, cada regaño es una cachetada ruín, cada decepción es como para morirse llorando en el piso.

Yo antes decía que tenía un ego moderado y una altísima autoestima. ¿Qué putas pasó? -Vos con tantas cosas que hacer y tantas preocupaciones en la vida y aquí ocupado en estar triste y necesitado de amor. Mírate al espejo, malparido, ¿te reconoces? ¿Reconoces qué hacías antes en estas situaciones?- Nada. Flotar. Y los bajos se volvieron más bajos, y los altos, se volvieron normales. De la gloria a la miseria, se volvió un patrón repetitivo en todas las maneras de afrontar mis sentimientos y las relaciones personales.

¿Qué dije sobre mi frente al espejo? identifiqué que gran parte de mi autoestima estaba basada en el amor que tienen otros por mi, está condicionada por la aceptación y amor de otra gente. Terminé con un gran amor, me sentía sobrevolando la estratósfera lleno de ego, como si me amara lo suficiente como para renunciar a el. Y luego no podía soportar la existencia. Renuncié a tener ese amor, y de repente, me vi flotando y no fui capaz de amarme lo suficiente por mi mismo. Salí corriendo a buscar gente que me amara. Se me subió su amor a la cabeza como si ese amor fuera propio. Aprendimos a movernos en el mundo pero íbamos flotando. Luego caes y caminas o te arrastras, y dices, jueputa, cuántas veces la cagué. Y lo siento mucho, conmigo y con la gente a la que le hice daño, sin darme cuenta.

Lo más fácil de hacer cuando estas en un hoyo tan profundo es ponerte las gafas de alucinaciones de nuevo. Darte cuenta de tanto trabajo por hacer da miedo. Ponérsela tranquiliza, es evidente. Pero me conozco siendo mejor, mucho mejor. y la gente que realmente confía en mi lo sabe. Es como estar acurrucado con gafas de realidad virtual diciendo, -qué paila como la gente se pudre, qué paila como la gente se pudre- y quitarte las gafas y ver que te estas pudriendo.

El mundo está roto, y el capitalismo es el status quo que nos queda durante todo el siglo. Estaremos siempre en la resistencia y fingiremos el resto para poder existir tranquilamente. Nuestra revolución permanente está en crear comunidades y redes de apoyo. Colaboración comunitaria de las habilidades y los alimentos. Vivienda, libertad de expresión, respeto por la historia, y por el planeta. Es evidente que con el mundo que tenemos, los que pueden saltarse la cadena capitalista completa son solo millonarios, los que no tienen que trabajar para comer. Los que solo tienen hobbies, proyectos de ricos, restaurantes, bares, ‘vacaciones’, emprendimientos para hacer, más dinero, o lavar más dinero.

La productividad no me define como persona. Ese es uno de los engaños más brutales y desmoralizantes.Hay mucho más dentro de las personas que su capacidad productiva, cuando para el sistema, la productividad se mide en dinero, propiedades y tiempo invertido en trabajo por capital. Para el artista se mide en la cantidad de cosas que haga y en la cantidad de dinero que obtenga haciéndolas. En las camisetas y en los pocillos de café. Y luego es sufrir de esta espantosa ansiedad, que hasta hace muy poco solo pensaba que yo era un ‘poco nervioso’. Pasar meses pegado a la pared paralizado sin saber cómo hacer nada escribiendo escazas letras, fumando atroz y deslizando la pantalla en ese asqueroso celular.

¿Sabes qué me pasaba antes? Yo no escribía las mierdas reales que sentía porque me reconocía, ése era yo, y no quería verme al espejo. Muchas veces borré cosas, solo porque no quería leerme inmortalizando mi tristeza. Como si no mirar mi basura, la hiciera desaparecer.

Bajarte de las nubes. Prestar atención, a la gente, a lo que te rodea. Algunas veces necesitas de la gran nube para darte cuenta de que necesitas tus pies en la tierra. Como ese viaje de hongos tan hijueputa que me reseteó el cerebro hace unos meses. Decía yo caminando por una playa todo viajado, que mi mayor arrepentimiento en la vida era no haber sido un hogar cuando la gente necesitó de mi que lo fuera. Cuando le fallé al amor. Y ves todas las estaciones, las pequeñas playas, los refugios, los vientres maternos alrededor tuyo y te das cuenta que vas bien loco, que debes continuar caminando. Y debes parar, como a rezarle a las cosas. Tan hermosa la vida, tan difícil, y yo tan metido dentro de mi cabeza. Vivo al lado del mar, como me gusta y juro que algunas veces lo olvido por el encierro mental tan horrible.

No existe eso de que uno toca fondo. Como si caer al fondo te hiciera subir solo por el rebote. Para mi ya es claro darme cuenta de que si no me ayudo y no pido ayuda, uno puede seguir bajando indefinidamente.

Julio, 2022

Deja un comentario