En la cima del mundo este siglo XXI

Rock soldiers come
And rock soldiers go
And some hear the drum
And some never know
Rock soldiers! How do we know?
Ace is back and he told you so.

No se nos puede olvidar nunca que el heavy metal es una tradición musical que empezó y se desarrolló en el siglo XX, debemos asegurarnos de saberlo siempre. Una tradición se vuelve sí misma cuando continúa haciéndose, cuando generaciones una tras otra siguen escribiendo y utilizando riffs de guitarra estridentes, cuando jóvenes escogen las formas metaleras para expresarse. Que aburrido y conformista es que toda la música que escuchemos sea tocada por ancianos. Otras músicas tienen leyendas y artistas inmensos que se dispusieron a su género y a su tradición décadas después de sus años mitológicos y de las carreras de artistas consagrados. –A mi sólo me gusta el vallenatico viejo-. No es cierto, a ése no le gusta el vallenato. El heavy metal es la música más intensa de nuestra era, en este 2017 lo hicieron dinosaurios, jovencitos y todos en el medio. Es potente disfrutar de una música tan vibrante, poder escuchar los discos viejos de W.A.S.P, Pentagram, Def Leppard y los discos de bandas jóvenes que reconocen en los setentas, ochentas y noventas la columna vertebral del metal y construyen la tradición de rockear duro por décadas futuras.

Una chica con la que salía hace años me criticaba porque a mi me gustaban más los grupos nuevos de glam metal que los viejos. Que me gustaban más bandas como Hardcore Superstar, Crashdiet, Gemini Five que las clásicas Ratt, Motley Crüe o Skid Row. En ese momento no tenía cómo contestarle, era algo que estaba sucediendo, no disponía de la completa conciencia para decirle que yo atravesaba el tiempo junto a esas bandas nuevas y que las bandas viejas ya estaban ahí en wikipedia, escritas por alguien cuyo tiempo no fue el mío. En los ochentas, estos tipos eran millonarios, su preocupación consistía en tener un contrato firme con una disquera y explotar un sencillo en MTV. Hoy lo que pasa con las bandas es que quieren grabar un álbum con seis, diez, doce canciones y necesitan que cada una sea más guarra y salvaje que la anterior, que cada canción sea importante. Indiscutíblemente hay cientos de bandas horribles hoy y álbumes perfectos en el pasado. Marquen mis palabras: No hay ninguna banda como Ratt, ninguna banda nueva que se le acerque y sin embargo sus álbumes están atascados con canciones de relleno porque meterse maricadas por la nariz era mucho más importante que hacer música creativa e interesante todo el tiempo. El heavy metal ya no vende millones de dólares, por lo tanto la tendencia hoy en muchos discípulos de Ratt es más cercana al motto por amor al arte que a cualquier otra cosa, amor a la tradición.

Con mis amigos escuchábamos las bandas nuevas porque eran jóvenes igual que nosotros y tocaban por amor al arte. Esperábamos que las mejores la pegaran duro para que pudieran dedicarse a eso siempre. Tenían problemas de plata también, tenían trabajos por fuera de la música, atendiendo un chuzo, vendiendo vainas por teléfono, haciendo tatuajes, pintando casas, cualquier maricada. Los manes de muchas bandas de los ochentas eran millonarios, sus bandas vendieron millones de discos como parte de una maquinaria discográfica en auge y una televisión muy invasiva. Muchas bandas tenían mejores álbumes pero sus carreras no despegaron ni los hicieron millonarios. Esas guardaban en nuestro corazón una energía más poderosa, su gloria era mayor, porque además las que siguieron sus carreras a pesar de eso, sacaron música que era más interesante, más duradera y finalmente más influyente a menor escala que el material que grababan las bandas millonarias.

Yo creo que seguir de cerca la carrera de las bandas, hoy y siempre es lo más gratificante de escuchar bandas nuevas, crecer con ellas, esperar sus discos, sentir como cambian las bandas si sufren la pérdida de alguno de sus miembros, mirar de manera retrospectiva y volver a escuchar. Hoy podemos acceder a grupos nuevos cuyos miembros tienen cincuenta y tantos años cada uno o a bandas nuevas de miembros entre los quince y los dieciocho; bandas con carreras de décadas en el underground y bandas que son gigantes sólo en lugares específicos del planeta. Las experiencias sobre el rock y el metal en todos estos escenarios confirman vidas y emociones muy diferentes por la tanto enriquecedoras para el género y su tradición a través del tiempo. Es una tremenda experiencia que no se puede hacer con las bandas clásicas. No puedo esperar el segundo álbum de Black Sabbath porque salió cuando mi mamá tenía un año y si no fuimos adolescentes en los ochentas, primero conocemos las hazañas sexuales noventeras de Tommy Lee y luego con suerte, escuchamos Motley Crue.

El heavy metal es una tradición sonora, podemos identificarlo por muchos de sus patrones rítmicos e instrumentales igual que con cualquier otro género. En el reggae por ejemplo, existe algo que se llama riddim, -pistas de audio que graban productores y músicos del género como base para muchas canciones- y desde los años dos mil, se generan  compilaciones mensuales de riddims que distribuyen las disqueras de reggae y dancehall jamaiquinas. Estos álbumes contienen un único riddim que suena unas quince o dieciséis veces y sobre cada una de estas repeticiones, un artista diferente compone sus letras y bota su flow intenso. Eso nos da quince o dieciséis canciones en las que se aprovecha un mismo beat o una misma melodía para diferentes cantantes. El resultado de eso, es una dosis continua mensual de canciones que pueden convertirse en referentes del género, en hits de temporada o en su mayoría, en canciones de relleno que a mayor o menor escala se les atribuye su sabrosura al riddim que las mueve. Más allá de la costumbre del riddim, la música jamaiquina y su gente saben cuales son las reglas y cómo funcionan sus tradiciones sonoras, líricas e instrumentales. Que su música cambie, se transforme, se venda y parezca en ocasiones otra música totalmente distinta genera preocupación en el interior de la esencia nativa pero solo así se genera un ciclo temporal de renovación que permite que las tradiciones continúen en la vida de la gente.

¿Se imaginan componer un riff, una beat de batería, una línea de bajo y grabar un disco con quince bandas que le agreguen voz, letras, solos y arreglos? Esta es la propuesta: Se trataría de quince bandas que saben conscientemente que tocan cercano a un género o subgénero específico y podrían aportar canciones sin esas pretensiones de originalidad que socavan a la música hoy, –que si este riff es nuevo, que aquel riff es igual a tal otro, que esa banda le robó el mojo a esa otra-. Eso se acaba aquí con este experimento. Las mejores canciones podrían convertirse en hits, volverse regulares de concierto para sus bandas o simplemente rotar por radios en internet. Los álbumes enteros serían descargables y sus canciones elegibles por votación para festivales masivos. Misty fire o Heroin overdose serían buenos riddims de sludge metal, Skull fucker o Cocaine blitz serían buenos títulos para compilados de death -o de glam-, Dragon beats pega como riddim de power, así sucesivamente. Doce de estos álbumes por año, uno mensual. Las bandas pueden repetir si en su anterior riddim escribieron una buena canción.

Yo juro mi vida a colaborar con cualquier entidad humana que lleve a cabo ese proyecto. Disfrutaría mucho si alguna disquera, algún sello, banda o millonario lo hiciera y si lo hacen y no me avisan -me voy a enterar-, pues háganlo todo bien que el plan sigue siendo increíble y ahí voy a estar para escoger las mejores canciones. Si eso tiene éxito, tendríamos una saturación extrema de heavy metal. Por ahí leí a alguien en youtube, escribía algo así, todos los géneros están sobresaturados porque existe internet. Ya que carajo.

Para terminar miren estas bonitas cifras:

¿Ustedes creen que el pop y el reggeatón son la música más grande del mundo? Esas miles de millones de reproducciones en youtube le pertenecen a un par de personas exclusivas, con unas compañías y unas billeteras tremendas detrás; las cifras de arriba le pertenecen a cientos de miles de artistas dedicados al heavy metal alrededor del mundo, con millones de vistas o no, cifras que aumentan cada mes en cada país donde el género entra y se queda. Nos pertenecen a cientos de millones de receptores que hacemos que la tradición metalera se multiplique mes a mes. Ese registro de la tabla debe ser mucho más bajo comparado con el número real de bandas que existen o han existido, la enciclopedia virtual Metal-Archives aún así reporta bandas en 149 países del mundo. En la tabla sólo están los treinta países más significativos y registran un récord y un apego cultural que no tiene ningún género musical en el mundo. Hoy 14 de enero, cuando finalmente puedo terminar la tabla y por consiguiente este párrafo, me sorprendo gratamente porque todo el registro sin excepción estuvo en aumento que era lo que quería probar desde octubre del año pasado. Quizás el punk o el rap tengan este apego cultural en el mundo pero yo no hablo en su nombre.

El metal se volvió universal, atravesó el siglo XXI siendo el género más grande y le ayuda que la información y el capitalismo reinan este planeta y que lo vayan a hacer durante el siglo. Sin embargo la razón principal de su apego y su arraigo en cada cultura de este planeta es que uno llega al heavy metal, porque es joven y eso se queda contigo siempre. El heavy metal se alimenta de juventud aunque te llegue viejo, es la forma más dura de rock y el rock es libertad y con la libertad podemos hacer lo que queramos. Estamos naciendo muchos, el mundo es caótico y predeciblemente apocalíptico, yo la certifico como la música más popular del siglo XXI desde ya. Los jóvenes hoy, los viejos hoy, nosotros viejos mañana y esos jóvenes, viejos después de nosotros; los jóvenes en el futuro y en su posterior vejez, todos, siempre, vamos a necesitar del heavy metal. Es que inyecta juventud y es algo que cada ser humano en todas las instancias de su vida sabe cómo se siente. Menos los niños, los niños son idiotas.

Escrito durante 2017, ensamblado el 21 de octubre/2017

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