Anotaciones sobre género
Existe un feminismo de donde yo vengo que es neoliberal, es capitalismo disfrazado de izquierda, es blanco, occidental y netflix-demócrata. En este feminismo, —las negras quieren ser blancas y las blancas negras— no caben las musulmanas, las budistas, hinduistas, las mujeres de Siberia ni las de los desiertos del mundo; esta lucha feminista es de acceso a las libertades del consumo, una que levanta los sumos iracundos de un planeta en su mayoría colonizado —por netflix—. Hay otro feminismo que espera a su Stalin, –Stalina– para que levante finalmente una brutal dictadura de la feminidad, la que levantó él mismo, en nombre de los oprimidos y la clase obrera en la Rusia Feudal; una lucha que empodera a las mujeres a volverse los ‘nuevos hombres’ del siglo XXI, como le pidió el comunismo ruso al proletariado, convertirse en burgués opresor, con un derecho histórico y de clase (género en este caso) para hacerlo. Ninguno de estos feminismos es realmente revolucionario, el primero es maquillaje, como un libro de nueva era, como una naranja de esas gringas que son igualitas y miedosas todas. Y el segundo, pues es una puta demencia, la materia prima de increíbles ficciones apocalípticas con naves villanescas en forma de penes, y citadelas planificadas como magnas conchas. Downtown Clitoris. Serie Z de alta.
Cada lucha es diferente, cada país un mundo único y cada verdad, una mentira conversable. Para y con el feminismo, estas son mis especulaciones sobre género, donde hago afirmaciones biológicas y morales que pretenden sentar una conversación de la que me surgen muchas preguntas:
En la especie humana, Homo Sapiens, como en la mayoría de animales mamíferos, nacemos de dos maneras, nacemos macho y hembra. Si un bebé de la especie humana tiene pene, es un pequeño macho, si la bebé humana tiene vagina, es una pequeña hembra. cock-born y pussy-born, -nacidos con pene- o -nacidas con vagina-. Es que siento que hay cosas que hay que volver a aprender. Ahora, siento que el desarrollo sexual de los homos sapiens, igual que el desarrollo del resto de sus habilidades cognitivas, físicas y mentales, no tiene precedentes y presenta una gran variabilidad de patrones de comportamiento en esos machos y en esas hembras, variables sexuales, psicotrópicas, afectivas, sensoriales, ego-espirituales, una intensa gama de emociones y registros químicos corporales de los que no somos completamente conscientes y racionales. Tenemos eso que nos lleva a construir civilizaciones y religiones de una dominación tan absoluta que solo podemos imaginarlo en otras especies que no conocemos. Deberíamos sentirnos orgullosos de ser unos mamíferos de tan esplendidos colores y vacilaciones. Pero no, preferimos hacer ley social-moral-cultural y política, que los machos deben comportarse como toros y las hembras, como vacas.
Siento que lo trans es un balance químico de lo más natural que puede existir en el universo de la especie humana, fruto de la complejidad de conexiones cerebrales únicas de los homo sapiens modernos. Tiendo a pensar también que tanto los terribles dolores de estirarse las panzas como los difíciles procesos de cambio de organo sexual por los que pasa la gente responden a un problema similar: a una falta de amor personal por la coraza humana. A machos y hembras nos arruinaron la cabeza, hombres, mujeres, trans, queers y todos en el medio.
¿Por qué una hembra querría ser un macho? ¿por qué un macho querría ser una hembra? Ese deseo profundo, es también un constructo. Lo que hace la represión. ¿Quieren otro órgano sexual? Cómanse uno. Lo que creo es que debemos sentir la necesidad de diversificar nuestras visiones de cómo se es un macho y cómo se es una hembra. Lo que pido es que alimentemos la idea de que no existe una manera estándar de comportarse, sexual ni afectivamente. Lo que les imploro es que ABRACEN SU CUERPO, ABRACEN SU BIOLOGÍA, normalicemos el comportamiento social y sexual diverso del desarrollo de un cuerpo humano. Esto no es en vano, adueñados de nuestras corazas humanas nos traemos abajo toda la noción de las familias tradicionales, atadas a la sangre y a la reproducción, heredadas de costumbres reales y de tradiciones religiosas sobre los cuerpos y los deberes biológicos de machos y hembras.

Yo uso el pelo largo, –como una mujer dice mi abuela–; me gustan las mujeres gordas y deliciosas, no como las de las revistas (bah, también), uso aretes, lápiz en los ojos y me gusta lo monstruoso y lo glamoroso. Me gusta lo que es bonito y se pudre. ¿Qué tal que los penes me parecieran feos? una maldición sería el desnudarme y tener colgada una guevonada horrenda entre las piernas; hay hombres que ven un pene y se voltean, les da asco, sienten que si lo miran por más de diez segundos se vuelven maricas, los machos heterosexuales dan risa. A mi el cuerpo me gusta explorarlo, mi cuerpo y el de los otros; que chimba los bisexuales, les gusta todo, yo quisiera que me pasara por el bien de mi hedonismo político, pero no sucede, me gustan las chicas, la forma de sus caras, el olor de sus vaginas. Como a las lesbianas. Tuve un orgasmo sin tocarme el pene, solo en el culo. ¿qué clase de mística evolutiva diseña un cuerpo tan impresionante? ¡Salud! pensé, ¿quieres ser parte de la discusión?, desnúdate. Con mi sexualidad palpitante y abierta, amando mi cuerpo y su eterna disposición al placer físico y espiritual, con deseos de crear y alimentar familias anarquistas sin roles biológicos, basadas en el amor por la especie y la naturaleza, espero ampliar las nociones de lo que es ser un macho. Con el pene en la mano me digo y les digo, ser un macho de mi especie no determina toda esa basura que se supone hace un macho: montar a la hembra, cantar tropipop, matar al otro macho, dormir. Me parece peligroso que se nos ponga a los machos humanos como enemigos naturales en especial dentro de los círculos de pensamiento progresivo; somos esa biología, podemos pensarnos mejor. No alimentemos la tercera vía, ayudémonos aquí a vencer a los dueños de la verdad y el control social. A mi me gusta la palabra queer, me gusta usarla conmigo para sentar una distancia definitiva con el rol primitivo de hembras y machos. Eventualmente debemos creer y participar en la destrucción de la heteronorma binaria, pasar de binarios a trinarios y conformarnos ahí, pues solo participa de los vicios pasados. Creer en una destrucción absoluta de la heteronorma así como en la caída estrepitosa del capitalismo es utópico, pero creer en las utopías es lo único que nos mantendrá siempre en revolución permanente.
Hay chicxs muy felices porque sienten que su hábito de consumo hormonal los ha convertido finalmente en los seres que quieren ser. Pero de alguna manera es similar a tomar medicamentos psiquiátricos y asegurar una satisfacción con tu persona. Dejar de tomarlos sería dejar de ser, otro constructo artificial. ¿dejar de fumar marihuana va a hacerme otra persona? No e igual no voy a dejar de hacerlo; cada quién se medica con lo que quiera. Admiro a la especie a la que pertenezco, seres que podemos decidir lo que nos dé la gana, deberíamos poder modificar nuestros cuerpos a nuestras sexualidades nacientes; salud por la ciencia, la democracia debería ser para todos, pero nunca lo es. ¿Cuál es mi utopia? Recién de fábrica, sabernos hembras y machos biológicos, hominidos de la especie homo sapiens. De ahí pa lante, somos libres de roles; abraza tu biológía; no le hagas daño a tu especie ni a la naturaleza. Si para cada decisión volvemos a esos puntos esenciales, estaremos bien. Es lo que especulo.
Ayer venía pensado en un caso: un hombre nace, a sus doce años se da cuenta que no se siente un hombre, sino una mujer, a los dieciocho comienza un tratamiento largo de reconfiguración de sexo, se quita las bolas y la verga, le diseñan una acomedida vagina, discreta, se pone tetas y toma estrógenos y otros medicamentos hormonales para que su desarrollo masculino se detenga y dé paso a un desarrollo femenino. A sus veinticinco años es una mujer aquí y allá y a sus treinta y dos lleva un par de años casada con un tipo que sabe absolutamente todo sobre el proceso de su esposa. Pensé en los trans de lado y lado, en los cambios de sexo a medias, en los hombres que vestidos de mujeres son felices, y lo único que veo son machos y hembras de una especie única. No nos confundamos entre nosotros que los humanos somos muy manipulables y es grave, debemos desarrollar un sistema que dé por sentado que ninguno de nuestros gustos corporales, herencias biológicas y aspiraciones existenciales nos definen —y pueden ser muchas, diversas, extrañas— pero nacemos machos diversos y hembras diversas. Como le dice Alex a Lisa en Los Simpsons, NTC, -no te compliques-, la misión es destruir la heteronorma, no probar que cada uno de nosotros es muy único y diferente.
Una diatriba sobre el capitalismo sexual
Hay mujeres que están ganando un espacio en el capitalismo moderno, ganando millones de dólares desnudándose en internet y llamando a eso empoderamiento de género. Su público las desea todos los días, muchos hombres heterosexuales que pagan por verlas desnudas. La mayoría no paga de hecho, normal en internet. Yo al igual que cada hombre heterosexual que conozco, sigo a chicas que se desnudan en instagram, siento que son capaces de subir el autoestima de las mujeres que las siguen, admiro sus capacidades y su toma de decisiones frente a la vida, y cada vez más mujeres las siguen por esas mismas razones. Lejos de las atribuciones que hacen en nombre de la imágen positiva de los cuerpos y la ampliación de los estandares de belleza, la mayoría está generando una revolución en el sentido contrario; transitan los medios del capital industrial, incentivan el uso desmedido de las redes sociales, mueven el marketing de todo tipo de productos tóxicos y generan ingresos desiguales que funcionan para lavar millones de dólares provenientes del turismo sexual, de la explotación ilegal y de las campañas de esclavismo que mantiene el libre mercado alrededor del mundo: todo lo que está mal con la sociedad. Además yo comencé a seguirlas por su capacidad física y emocional para excitarme: todo lo que está mal en la sociedad occidental.
El capitalismo ha comprado la mayoría de las revoluciones y expresiones de subversión, como las compró a muchas de ellas (ellos, elles, allxs). El que era (sigue siendo) un movimiento para restaurar la imagen positiva de todos los tipos de cuerpos ha descendido paulativamente en una prostitución emprendedora con las libertades de internet. Que también está bien, pero no tiene nada de revolucionario.
Que delicia ver cuerpos de todos los tamaños y colores, desbaratando los prejuicios causados por la cruel industria de la moda, sacudiéndose de la vergüenza a la que fueron sometidos por no verse de una única manera, que delicia que los estándares de belleza, tan ridículos siempre y tan dañinos estén siendo desafiados por cuerpos sin cánones tradicionales, cuerpos que son reales y no artificios. Conozco cuerpos frágiles al escarmiento, débiles ante el espejo, tímidos ante el sexo, fríos ante el deseo, cuerpos deliciosos con cabezas arruinadas por la publicidad, por la vida social de sus ciudades y por sus familias machistas, cuerpos cuyo calor recide en el amor propio y en la aceptación corporal. Descubrir que la gente hermosa de las revistas, es bastante idiota, tiene desórdenes alimenticios, unas depresiones las malparidas y que de verdad, es hasta fea, pues es como volver a nacer, es como ver después de ser ciego. La única verdad es que nos jodieron durísimo la cabeza con su basura.
Yo seguía una cantidad muy insana de chicas en instagram. Para eso lo abrí (qué paila). Es contraproducente y enfermizo ver chicas desnudas sin filtro todos los días, cada treinta minutos que uno saca el celular a visajear el instagram y el whatsapp. Los manes son adictos a las imágenes sexuales diarias. Hay una chica que yo sigo, decía que soñaba con viajar fuera de Estados Unidos pero siempre le surgía algo, facturas, la reparación de la cocina, el nuevo año escolar de los niños. Empezó a tentar su suerte con imágenes lindas en su instagram y hoy tiene setecientos mil seguidores, vende paquetes de sus videos eróticos, y sueña con tener una granja para rescatar y cuidar caballos salvajes en el desierto de Nevada. No vende productos de mierda, no promociona basura, solo genera contenido erótico, viajó lo que quiso y ya compró su establo. Es una vida interesante, que solo podía suceder en el siglo XXI. Es una chica de una sonrisa muy preciosa, con estrías como para morderlas, y unos nalgones que ella parece haber descubierto hace muy poco, una mujer que hace material erótico para consumo masivo al darse cuenta que su cuerpo y su sensualidad son apreciadas por miles, que el mensaje privado de las revistas de moda y los concursos de belleza eran una mentira que hoy se siguen tragando hombres y mujeres. Su vida sería radicalmente en los años ochentas, seguiría siendo la esposa de un militar, con el deseo esclavizado ante el espejo y nunca habría caminado alucinando de felicidad por las calles de Marruecos y del Norte de Irak. Mi criterio más importante para seguir su cuenta es esa discusión que genera sobre su nueva carrera, sus inseguridades, sus vicios, las cosas que la tranquilizan, su amor genuino por el cuidado de caballos salvajes, su diario honesto donde a pesar de su revolucionaria estancia con su cuerpo, tiene días miserables por culpa de la basura que tenemos que batallar todos los días. Y porque es linda, obvio, todo entra por éste. Cuando se desnuden en internet —o en la calle—, hombres y mujeres, sin el afán del capital que eso representa, cuando se tomen fotos desnudas caminando por una linda playa como quien le dice al mundo, hey, soy libre, estoy parchando una playa, ese día habrán logrado empoderarse.
-Marge haces demasiados sirigotes, como eso de afeitarte. Mamita quiero ver esas piernas peludas y asquerosas-
Tengo amigas que les gusta tomarse fotos con poca ropa en internet, bailar en cucos, y obviamente lo único que ejercen con ese ejercicio es su libertad para hacerlo, así como yo podría subir una foto en calzoncillos bailando. ¿Cuál es la razón por la cual yo no lo hago y la mayoría de hombres heterosexuales no lo hace? Porque los hombres son severas locas, -ojalá fueran homosexuales-. Las mujeres ganan ese espacio porque su lucha es activa y ha sido progresiva desde que tenemos su registro La de los hombres generalmente es anacrónica, es una lucha que se dispone firmemente a no cambiar nada de la realidad, más bien se ajusta a nuevas comodidades, como las de nuestro padre y abuelo. A los hombres heterosexuales los empodera ser machistas, porque pueden acceder a ese sistema muy fácilmente, ya está construido, it’s a man’s world. Los machos heterosexuales necesitan sentir por lo general que las mujeres tengan el ego y el autoestima más bajo que ellos para poder existir tranquilamente. A los hombres les intimida cuando una mujer actúa como un ser autónomo de sus verdades y de sus mentiras también. Que es como se sienten los hombres normalmente.

Sobre los celos y el respeto
El otro día hablando con un pana, él me contaba sobre un grupo de amigos que tiene y sus dinámicas machistas con sus esposas/novias/mozas. Me contó sobre cómo discutían ellos sobre sus mozitas, sobre dejarse pillar, sobre meter a la moza a la casa, sobre aquella perra y aquella otra bandida y se burlaban que mi amigo no hacía eso, o que al menos ya no lo hacía. Él les decía que dejar de hacer eso era madurar. Es cuestión de respeto le dije yo, ellos no respetan a las mujeres de la manera en que respetan a otros hombres. Madurar es solo pudrirse lentamente.
La publicidad de la belleza anoréxica y la propaganda de las relaciones románticas monógamas son como malwares, como virus expansivos que recorren toda nuestra vida. Para eliminarlos hay que revisar cada archivo y reescribir la información corrupta. Y eso lleva tiempo, compromiso, ganas de ser mejores seres. Creemos que somos dueños del deseo del otro, del cuerpo del otro. Sentir celos es algo que se aprende, y se alimenta con mentiras, con desconfianza; te enseñan que sentir celos es un derecho que tienes ante la posesión física y emocional que significan las otras personas que comparten tu intimidad. Sientan celos pero por las razones correctas, nadie es dueño del cuerpo ni del espíritu de nadie. Creer que somos dueños de la gente, mata, principalmente mujeres. Los celos malsanos se aprenden, como también se aprende que muchos se crean mejores por ser de un color o de una clase social particular. Es cierto que desarrollamos conexiones corporales y espirituales profundas con el sexo y con el romance, yo he sentido celos que me han quitado la calma, que me pudren por dentro y he sido muy bueno ocultándolos en detrimento de mi tranquilidad y en la preserva de mi persona anarquista. Los celos al igual que esas conexiones corporales y emocionales se aprenden, se memorizan y también se pueden cambiar, somos seres de costumbre. Yo tengo un pana que cuando ve a un perro oliéndole el culo a otro perro (perre), suspira, sonríe, como la vida misma dice.
Me dice mi amiga, ¿en serio crees que uno no puede evitar sentir celos? Yo digo que no, todos los cuerpos humanos venimos con la combi completa, con todos los químicos cerebrales en proporciones diferentes para todos. No puedes borrar el odio de tu existencia, no puedes evitar sentir pánico, incertidumbre, malestar, desgano, celos; puedes intentar controlar tu propia química, reconectar tus sensaciones y tus relaciones con los otros, pero si quieres eliminar alguna emoción, —el odio y la baja autoestima son bien populares— te vas a volver loco en el proceso, te vas a pudrir. Tenemos la capacidad de generar conexiones cerebrales nuevas todo el tiempo, todo se aprende, todo se olvida también.
A todas mis amigas feministas, a los parches maricas y queer, les adoro, son de lo más duro que hay, esta es mi discusión, sin leer ni citar teorías ni ensayos ni nada. No me vayan a crucificar, quizás deje de llamarme a mi mismo feminista, por el bien del discurso. A mis cavernícolas amigos, mejoren parce, qué vergüenza.
Marzo 15, 2018
Reescrito, Noviembre 11, 2019
