Canciones de ayer y hoy, reseña de 2017 parte 2.

Esta es la música que tuvo una rotación constante en mi celular, en mi spotify, en la oficina, en mi cuarto a volúmenes peligrosos, en las fiestas cuando alguien descuidaba su celular. Esto es lo que más escuché y abusé durante este año. No es una reseña como las que leo normalmente, aquí van resto de discos viejos que me acompañaron la vida estos trescientos sesenta y cinco días anteriores y discos que escuché durante el 2016 que me gustaron tanto que continué escuchándolos con constancia este año.

Cuando yo estaba en décimo bachillerato en el año 2005, la nueva ola del glam metal estaba en su época dorada y una de las bandas del momento era Big Cock, una banda que formaban tipos de bandas de los ochentas (King Kobra, Lynch Mob). Pero como yo soy selectivo nunca los escuché y ví año tras año en la web Sleazeroxx.com cómo esta banda grababa extravagancias sexuales dignas de un semental de otro planeta. Banda sonora de mis caminatas por Bogotá casi todos los días, muy cercanos a los británicos The Darkness y más aún a los también británicos Zodiac Mindwarp.

Tenía rentada una casa, recién había renunciado a un inmundo trabajo de callcenter y me sentí como nunca con absoluta libertad para vivir la experiencia del mago oscuro que adorna la portada. Armé un porro del tamaño de mi mano, me senté en mi trono y le subí el volumen al máximo a los cinco parlantes y al subwoofer que me acompañan. Dopethrone empezó a sonar mientras el humo de hierba inundaba mi cuarto y para la tercera canción sentí los cadáveres tirados por la calle, bajo la lluvia ácida durante semanas y contaminados por el humo de los edificios en llamas y los vehículos viejos. El piso de abajo se encontraba habitado por zombies en descomposición y el olor a carne podrida se apoderaba del aire respirable. Nunca antes y nunca después el subwoofer de mi cuarto estuvo tan cerca de explotar en pedazos como esa vez que escuché Dopethrone. Temblaba como se estremecía el mundo alrededor, muriendo como la miseria humana se aterra ante la destrucción y la muerte. Un álbum de proporciones épicas, sin precedentes cercanos y una de las piezas musicales más influyentes para la historia del heavy metal y del doom metal moderno.

Los humanos necesitábamos salvar al thrash metal y le pedimos a una banda que grabara unas buenas canciones. Las metimos en un proyectil y lo lanzamos al espacio para que otras civilizaciones conocieran el Thrash y lo propagaran por el universo habitado. Durante años, quizás siglos, el proyectil viajó por el espacio abandonado en completa desolación. El proyectil superó la velocidad de la luz y se desintegró en millones de partículas. Si alguna civilización escucha el eco de la música contenida en ese cohete supersónico, se encontrara con la música de Vektor y lo que contiene Outer Isolation. Si es cierto que nada se escucha en el espacio, estoy seguro que Vektor causará un estruendo que cambiara por completo la física, causando desestabilidad en el sistema solar dejando daños irreparables en la galaxia. Uno de mis álbumes favoritos durante este año, nada como como escuchar esto en transmilenio.

Supe que Marilyn Manson tenía un disco nuevo y me dije a mi mismo que tenía que escucharlo. Cuando me di cuenta, pasaron dos años y MM sacó otro álbum más: Heaven Upside Down (2017), que despiste tan bravo. Pero yo realmente quería escuchar The Pale emperor del 2015. Grabado solo junto a Tyler Bates, que hace la música de Californication entre otras cosas, The Pale Emperor tenía la promesa de ser rock básico, guitarra suave, blues de raíz. Desafortunadamente como con todos los álbumes de Marilyn Manson que escucho, siento que el tipo escucha mucho Depeche Mode y no me gusta, en la mala. Los sencillos por otro lado son una delicia siempre, esta canción es el despecho sabroso, como tirar a perderse, bailando.

Este año los vi por segunda vez, primero con Anthrax, ahora en Rock al Parque. Obituary es carne con papas, death metal en su estado más carnoso, fácil de digerir, como para torcerse el cuello a cabezazos. Sus videos como de costumbre, son animados por el húngaro Gróf Balázs.

Red fang se ha ido ganando mi corazón con los años, su parecido a Queens of the Stone Age es evidente pero su tono es más oscuro, sus letras son mejores y notoriamente desconsoladoras que contrastan con sus video-clips chistosos protagonizados por ellos mismos bebiendo cerveza. Not for You es uno de los sencillos del año, su nuevo álbum es Only Ghosts, disponible en Bandcamp y en Spotify y el video lo anima también coincidencialmente el húngaro Gróf Balázs.

Mi canción favorita del año, Monolord es una revelación en el doom metal mundial, estos manes de Gotheburg, Suecia suenan muy aplastante, como Electric Wizard pero más refinado. Monolord en si es su mismo competidor, tanto que la broma recurrente en internet es que deberían sacar su propio pedal para guitarra. Su álbum Vaenir es monstruoso y éste nuevo álbum llamado Rust es sin duda uno de los mejores álbumes que escuché este año, tanto que hará parte de mi banda sonora durante 2018 y de la vida que me queda. Mis amigos quedaron en silencio cuando lo puse en una fiesta -pongan lo que quieran entonces, ese rock cacorro que ustedes escuchan-. Estoy en proceso de comprar un reproductor de vinilos para girar Rust porque no soporto la vida sin tener la música de Monolord en alta definición.

Naxatras ya sacó un álbum en el 2017 que he escuchado sólo una vez porque yo sigo agarrado de esta deliciosa pieza de música que grabaron en el 2015 pero que conocí este año. Es casi todo instrumental, con apartados ocasionales de voz. Rock ácido con muchas texturas que fluyen muy bien, este trío de Tesalónica, Grecia es una revelación, son músicos que graban sólo en análogo con todas las posibilidades que este siglo brinda para tal menester. No lo comparo con nada, necesita de cada alma individual para disfrutar de sus sonidos, como dice alguien en los comentarios de youtube –i love this trippy shit with my morning coffee-. Así es.

El hedonismo puro e irresponsable, Steel Panther cumple casi diez años desde su primer álbum y su deliciosa canción Death to all but metal que los puso en el mapa con el escepticismo de una fanaticada rígida que se cree muy sabia (los metachos) pero que con los años se derritió ante los encantos de cuatro músicos supremamente talentosos, extravagantes y carismáticos. Este año Steel Panther puso a circular Lower the Bar, un álbum con el que expanden su sonido un poco más lejos de los confines del glam metal puro y fiestero pero que igual circula el sonido de Van Halen y la fiesta californiana. Steel Panther lleva la grosería y la insensatez muy lejos en sus letras, ninguna de las bandas que inspiran su sonido alcanza el nivel de infamia de las letras de Steel Panther y ese es uno de los secretos de su éxito, una señal de que vivimos un siglo distinto al anterior, un siglo para burlarnos de todo lo que sucedió en el siglo pasado. Burlarnos es un decir, nuestra seña principal este siglo es que estamos obsesionados con el siglo pasado. Lower the Bar es mi disco favorito del año, tanto que inevitablemente escuché Van Halen todo el año como un loco y les rendí tributo muchas veces, a la que creo es la mejor banda de rock de Estados Unidos en su historia. Steel Panther son hijos orgullosos de Van Halen y este concierto es prueba de que siendo un acto de comedia, también son gigantes del heavy metal y una de las mejores bandas en vivo que existe hoy.

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