Las mentiras son las que mantienen a las sociedades unidas. Las mentiras y las hormonas.
A mí también se me perdieron 15 mil dólares en cash, estaban en la sala en un paquetico. Me robaron un mustang del 69 del parqueadero. Y dos picassos. También tenía una cámara en el retrete para verme el ojo del culo, pero me la desactivaron. La cámara es de esas que tienen reconocimiento anal. Las estrías contienen toda la información personal, como las huellas dactilares. Lo que pasa es que no es una cámara, es una bóveda de seguridad, y lo que protege no está dentro de la casa. ¿Sabes que guardo? Otra cámara igual, dos abogados de inmigración, uno de esos trajes que matan insectos a tres metros de la piel y un salchichón cervecero.
Soñé que la gente en una casa se alistaba para una fiesta. Carolina Sanín se probaba un vestido y se agarraba las tetas. Me las mostraba diciendo que sus pezones eran diferentes, y sí lo eran. El derecho parecía un tornillo, el otro era más pequeño y pálido. Sonaba un pitido constante. Hoy es mi primer día libre.
Entonces entré a cagar en el trabajo y me puse a contar un manojo de billetes de un dólar. No había papel higiénico. ¿Sabes qué me gusta de California? las coreanas morenas a punta de reggaetón y trenzas. Me gustan más cosas, me gusta el crack y los inmigrantes ilegales, me gusta ver un imperio caer lentamente, humillado por la ansiedad de un presente que lo supera, enaltecido por sus omnipresentes leyendas; me gusta vivir en esta Roma como del siglo tercero, pero a lo mexicano. Odio que las mexicanas me digan güerito.
Aquí le dicen apropiación cultural a todo. A los blancos es que no les alcanza este siglo ni el otro para reparar tanto descaro. Yo sí soy un globalista; Actitud María Marta recordándome, a los desaparecidos de Videla. Me bajé del bus en el centro y una chica igualita a Avril Lavigne en el 2001 se quedó mirándome y me sonrió, yo le sonreí de vuelta y con el hijueputa tapabocas puesto.
Hace unos días estaba apilando cajas desarmadas para botarlas y hay unas en particular que se rehúsan a doblarse porque vienen muy bien selladas de fábrica. Ese día le pegué cuarenta y cinco tiros a una caja de mariscos que chorreaba líquido azul y era imposible de despegar. Tengo dos meses pagándole a un indigente para que le meta candela todas las noches, aún cuando se hizo cenizas el primer día. Mi compañero se cree manager, el mejor lavaplatos de California, un chaparrito de Michoacán con una camioneta cinco veces su tamaño. Ese le saca plata a los raspa y gana todas las mañanas.
Veo mi serie favorita una vez más, pero con ruido, con luces y gente pasando, subiendo al segundo piso sin detenerla, cocinando, lavando ropa; lejos de las obsesiones juveniles que postraban a mis acompañantes al silencio y a la contemplación, preferiría volver, pero ahora como que me vale verga. Eso es lo que dicen de los adultos, que estamos apaciguados por el pasar del tiempo, ansiosos, atrapados en el futuro con los pies en la nostalgia, atravesando la incertidumbre de la vida, la soledad de la existencia, la forzosa idea de encajar en las sociedades ya establecidas, sacramentadas mientras nuestro caos interior se traumatiza con la distorsionada realidad que se presenta con el pasar de los días. Me siento ebrio, de poder e incertidumbre. Uno de los panas de la casa dice que algunas veces pone la novela esa de nuevo rico nuevo pobre en el celular mientras hace doordash.
Estoy más trabado de lo que debería. Y me niego a ser un adulto de antaño.
El sonido del ventilador del horno microondas, la sombrilla roja en el balcón, el silencio de los slides promocionales de netflix en el tv, la paciencia de chucho arreglando la cocina y hablando pasito por teléfono con una de sus chicas; 9:03 p.m. San José.
– ¿Qué, van a salir a quemar gasolina? –
Hace dos noches nos emborrachamos todos en la casa. Hace dos noches uno de ellos le sacó un cuchillo al otro, el otro casi lo ahorca hasta matarlo. Tres oficiales de policía en mi cuarto a las cuatro de la mañana no fueron un sueño. Dije mi nombre y seguí durmiendo. El chorro de sangre en la sala, los vidrios regados por el piso, el pana esposado por la policía y sacado del apartamento, el otro en el hospital con la cabeza rota. Lo último que le dije al pana que se llevó la policía antes de irme a dormir, fue que había puesto la música más cursi y anticuada de todas, que comiera mierda; una de esas canciones habladas como de hace quinientos años. Otro pana se muda de vuelta hoy.
Solo errores, dice. La mujer lo dejó ayer, y nos está mostrando el anillo de compromiso que le compró.
-Solo fallas y errores-.
-Usted necesita conseguirse otro trabajo. –
-Lo que necesito es conseguirme un trabajo donde me paguen más. Y trabajar el mismo tiempo. –
Mi amiga del trabajo me preguntó sobre la casa. Le dije que era una telenovela. Tenía ladrones de tiendas, redadas, melodramas, borracheras malas, drogas, putas, y gente absolutamente disfuncional que se va reemplazando cada par meses. La mayoría nos caemos bien. Le dije que a un pana y a mí nos gustaba la misma chica. Y que la chica tiene novio y le vale tres. Una princesa de Disney, de esa de la que hablan los reggaetones.
-No te enamores de tus roomies.-
¿Yo por qué no puedo seguir los consejos a tiempo?
Una abuelita adorable se me acercó y me dijo, -young man, i was watching you cleaning the tables, and you were cleaning the sides like, you were doing it like there’s no tomorrow. I wanted to say that to you, that’s great, I like to sit at the table you clean. How old are you-
-30-
-Oh my god, you look 20. Hey, he’s 30, that’s crazy, he looks 20 right? –
Señora adorable, me arregló el día. Tengo 32.
Y le dije al pana, que me encantaba la chica nueva, desde el día cero, y lo que hizo fue caerle más rápido. Él es de los que pone reggaetones románticos y cursis, yo soy el que pone perreo infame y ultrajante. Y él es el que solo se quiere comer a las chicas, yo soy el que se enamora y quiere tratarlas bonito. Ese reggaetón de matrimonio define a la gente, solapados, infieles y mentirosos. Los que nos gusta el perreo criminal somos más sensibles ante las relaciones. En fin. Enculado y sin culo, encucado y sin cuca.
Me salió una cana en la nariz.
A Don Emiliano le dan una asesoría terrible y confusa para aprender a hacer doordash por una videollamada de whatsapp, un viejo del Casanare que recién llega a la casa.
-Uno antes venía que a divertirse, venía de vacaciones, a pasarla bueno. Ahora es diferente porque viene uno es a rebuscarse-.
Yo lo miro en pijama fumando bareta desde el balcón, con los reggaetones a bajito volumen en el televisor, y pendiente de que mi sesión de doordash no se cierre, porque qué lío.
La cagaste parcero. Prometiste decir algo y te quedaste callado. Como siempre, el silencio te hizo más daño, y lo sabes. El vacío que siento lo creé yo solo. ¿Por qué no lo hice? un idiota. Me quedo solo con posibilidades y no con aventuras. Me quedo herido, como despertando de un juego de realidad virtual, vomitado y sin dinero, teniendo que trabajar y con la tusa de una mujer que no existe, que solo existe en tu cabeza. Si no aprendo de esto, que me lleve el diablo y me reeduque.
Me despedí de la chica porque ella me despertó en el sofá a las cinco de la mañana. La abracé, le dí un beso, no recuerdo que le dije. Nada importante. Todo lo importante me lo quedé yo, ahí todo jodido. Me dijo al despedirse que fijo íbamos a bad bunny. Dormí en el sofá el resto de la mañana.
Se nota que no estás leyendo
Estás escribiendo como el orto
¿no te das cuenta?
Es evidente, y que conozca tan pocas
palabras, peor aún.
Casi me estrello por mirar un culo. Yo juraba que eso nunca me iba a pasar, preciso lo pensé esta mañana en el baño. Igual dejar pasar culos es ya como una tradición de mi vida. Me encanta cuando la gente mira para otro lado posando para una foto, calculando el movimiento gesticular y físico de sus contorsiones para lo que sucede con el lente. Hay sonrisas que no existen sino para las fotos, para retocar las mentiras.
Hoy entré a mi baño a cagar y la mierda no olía como la mía. Olía como la mierda de otra persona. Eso me desencajó la mañana un poco.
Septiembre, 2021
